La inconsciencia humana y los diversos factores que afectan negativamente al medio ambiente están destruyendo los atractivos naturales australianos.

Las alarmas del mundo en relación al estado de la naturaleza en Australia se encendieron desde que la ONG Nature Conservancy informó que más del noventa por ciento de los arrecifes de crustáceos ha desaparecido, una estadística que deja al descubierto el estado crítico del hábitat marino en la región.

Un material audiovisual difundido por Greenpeace, en tanto, muestra las consecuencias del calentamiento global sobre la Gran Barrera de Coral, un área que desde 1981 está considerada como Patrimonio de la Humanidad. La mayoría de los corales observados, según trascendió, estaban blanqueados o sin vida como resultado del incremento de la temperatura del agua y del aumento en su nivel de acidez.

En este contexto, bucear para maravillarse con los tesoros que se esconden en las profundidades dejará de ser una actividad apasionante. Además, ya no se permitirá escalar el monte Uluru y, mucho menos, llevarse piedras o arena del monolito, tal como tiempo atrás señalamos en Foster Viajes.

Lesley Hughes, una experta en Ecología, advirtió que, más allá de la desaparición de especies y la destrucción del patrimonio natural, es probable que, de continuar los fenómenos meteorológicos extremos y el crecimiento del nivel del mar, en un futuro no muy lejano habrá destinos turísticos que se verán impedidos de recibir visitantes (o, al menos, no serán aconsejables) a raíz de inundaciones y temperaturas agobiantes. Adelaida, Melbourne, Sidney y Darwin son parte de las zonas que podrían verse seriamente afectadas. La crecida del mar, además, le hará perder humedales de agua dulce al Parque Nacional Kakadu.

El panorama, como resulta evidente, es preocupante y exige por parte de las autoridades medidas urgentes para intentar revertir o, al menos, frenar los problemas que están atentando contra el medio ambiente y, por extensión, condicionando la evolución del sector turístico. Si los espacios naturales como parques y desiertos, las estaciones de esquí y las playas se están deteriorando, llegará un momento en que ya nada se podrá hacer desde Australia para proteger a la naturaleza y captar la atención de visitantes de distintas partes del mundo: mejor, entonces, modificar hábitos desde ahora y prohibir ciertas conductas humanas para, al menos, darle batalla al cambio climático.