¿Nunca viajaste en crucero? Tranquilo, no te asustes, yo fui este finde por primera vez con un amigo y te voy a contar mi experiencia en primera persona, día por día, para que sepas lo que te estás perdiendo. Antes de subir tenía cierta incertidumbre por estar en medio de la nada rodeado de tanta agua pero la verdad es que el movimiento casi no se sintió y todo lo que podés hacer es infinito.

Dia 1:

Llegamos a la terminal de cruceros Quinquela Martín a las 11.30 hs. Estaba lleno de gente, así que nos dirigimos a la zona de embarque sin despachar las valijas ya que teníamos carry on.

El proceso de embarque se hace de a grupos. Te van entregando números y recién cuando te llaman podés subir. Demoró bastante, pero por suerte nos tocó el número 4 de los 30 que habían.

Alrededor de las 13.30 hs comenzaron a llamar. Primero a los miembros de Costa Club y programas premium; luego a pasajeros con movilidad reducida y por fin, a los números entregados. ¡Nos llamaron! Quería destacar que gracias a Foster Viajes hicimos un embarque prioritario porque nos facilitaron números preferenciales de embarque. Atravesamos la zona de control de equipaje (los famosos rayos x) e inmigraciones que tenía una fila suuuuper extensa. Finalizados estos procesos, una vez fuera de la terminal, nos encontramos con miembros de Costa que nos llevaron hacia un decorado para tomarnos una foto simulando ser capitanes de la embarcación… Todo bien pero una recomendación para Costa: ¡hagan un decorado más innovador! El fondo era muy noventoso con un timón de barco… mmm cuanto menos, raro.

Volvamos al recorrido… Al descender de la zona de embarque nos esperaban micros que nos llevarían al tan deseado ¡COSTA FASCINOSA!

Una vez arriba del barco, empezamos a dar vueltas por todos lados sin encontrar nuestra habitación (número 6259). Hay 3 sectores diferentes de ascensores y si subiste en el más lejano (como nosotros) tenés que caminar no menos de 150 metros por los interminables pasillos del barco.

Al fin dije: “¡Llegamos!”, pero no. Abro la puerta y me encuentro con una sorpresa… ¡ya había gente en nuestra cabina! ¿cómo puede ser? Ante el asombro, nos dirigimos al tercer piso donde está la “recepción” pero en el camino nos cruzamos con OTÓN (nunca había escuchado ese nombre en mi vida), un miembro de Costa todo trajeado a quien le comentamos el problema y nos respondió en un “portuespañol”: “NO ME JODAS BOLUDOUUU” (sí, con muchas “u” al final). Finalmente, nos enteramos que lo que pasó fue que las personas que estaban en nuestra cabina habían hecho un upgrade de último momento pero sin saberlo se dirigieron a su vieja habitación. ¡Cosas que pasan!

Ya acomodados, nos dirigimos al noveno piso, donde se encuentra el buffet “Tulipán Nero” para almorzar algo (eran cerca de las 16 hs y moríamos de hambre). Con panza llena y corazón contento, seguimos recorriendo el barco para conocer todo lo que nos ofrecía: casino, teatro, múltiples bares, piletas, jacuzzis, restaurantes, actividades, juegos, cancha de basquet, spa, peluquería, shopping, entre tantas otras cosas.

Aprovechamos y pasamos por uno de los bares para sacar el pack de bebidas. Al principio nos mareamos un poco con tantas opciones disponibles. Hay 4 packs que son limitados (20 tragos o 20 cervezas o 20 gaseosas) y otros 5 ilimitados que varían de acuerdo al tipo de trago (marca y calidad del alcohol). Elegimos uno ilimitado que incluía: cervezas, gaseosas, jugos y la mayoría de los tragos convencionales por USD 135 los 3 días. Te recomiendo que sigas mis pasos y contrates este pack porque sino te va a salir caro. Por ejemplo, cada cerveza cuesta USD 7 y una gaseosa USD 3. Si empezás a sumar algún jugo en el desayuno, mínimo una gaseosa o cerveza en el almuerzo, lo que tomás en la pileta, la cena y los bares/ boliches gastás mucho más si lo pagás individual. ¡Así que atenti!

Cerca de las 18 hs, antes de zarpar, nos informan que íbamos a hacer un simulacro de emergencia. Digamos que esto consiste en: hacer sonar 7 veces la alarma del barco, dirigirnos a nuestro camarote, ponernos el chaleco salvavidas e ir al sector que te corresponda (en nuestro caso: cuarto piso, sector A). Empezamos a formar fila frente a los barcos salvavidas y el personal de Costa nos informó cómo actuar en caso de emergencia. Todo muy lindo, pero te juro que si llega a pasar en la vida real, todo la organización que hubo en el simulacro dura 1 segundo. ¡CAOS!

Se hicieron las 19 hs y la bocina del barco anunció que zarpábamos. Lentamente comenzó a salir del puerto de Buenos Aires y aprovechamos el momento para sacar muchas fotos del atardecer sobre nuestra hermosa ciudad.

En tu tarjeta Costa tenés asignado qué restaurante y qué horario te toca para ir a cenar. A nosotros nos tocó el primer turno que era a las 19.45. Por lo que, luego de tomar una ducha y cambiarnos para la ocasión, nos fuimos a comer a “Gattopardo”, ubicado en el tercer piso. Vale aclarar que dimos mil vueltas para encontrarlo, incluso el último día (¿por qué no lo ponen más cerca?). La carta se compone de 4 platos con 3 opciones cada una: “entrada”, “primer plato”, “segundo plato” y “postre”. La comida estuvo riquísima y el servicio de mesa, correcto y rápido. Al finalizar la cena, por altoparlantes un tal “Fernando”, Director del crucero, nos invitó a dirigirnos hacia el teatro para ver un espectáculo de ilusionismo y magia. La verdad, nada que no hayamos visto antes, pero seguimos preguntándonos ¿CÓMO HACE EL MAGO PARA CORTAR AL MEDIO A LA CHICA? ¿Y PARA HACERLA DESAPARECER? Dudas existenciales…

Finalizado el espectáculo de 45 min aproximadamente, fuimos al Grand Bar Topkapi ubicado en el quinto piso. Había una banda de música tropical repasando los mejores temas de cumbia y cuarteto argentinos. Nos sentamos en la barra y empezamos a darle sentido al pack de bebidas que habíamos contratado. Pasada la banda, Dj Tiago se hizo cargo de la musicalización hasta finalizar la noche.

Dia 2:

A las 8 de la mañana escuchamos al capitán informar que habíamos llegado a Punta del Este… así como lo escuchamos, seguimos durmiendo, obvio. Recién a las 10 hs nos despertamos y fuimos a sacar turno para descender a tierra. Para quienes no saben (como era mi caso) es obligatorio sacar número y esperar a ser llamado, ya que el barco no está en el puerto, sino que ancla en medio del mar y los descensos son en las lanchas salvavidas y otros barcos que brinda el puerto de Punta del Este. Luego de un rápido desayuno, sonó nuestro número por altoparlante y descendimos al primer piso para subir a las lanchas. Cuando empezamos a alejarnos del barco nos asombramos de lo grande que era. No podés entender cómo algo tan grande y pesado puede flotar y llevar a tanta gente a bordo.

Luego de 20 minutos de lancha, llegamos al puerto, descendimos y empezamos a caminar por la costanera hasta llegar a la playa. Punta del Este es una ciudad muy linda y, sobre todo, tranquila fuera de temporada. Horas antes de bajar del barco estaba nublado por lo que, erróneamente, salimos con bermuda y zapatillas. Al poco tiempo salió el sol y ¡hacía mucho calor! Dato importante para destacar: por más que esté nublado, bajá siempre con traje de baño, ojotas y protector solar. ¡No vaya a ser cosa que te pase como a nosotros!

Pasamos 1 hora y pico en playa mansa. Hermosa, muy tranquila, con agua cálida (aunque no pude meterme por haberme olvidado el traje de baño). Después de sufrir mucho calor y quemarnos un montón por no haber llevado protector solar, fuimos a caminar por el centro. Paramos en un quiosco a comprar unas gaseosas y seguimos viaje nuevamente al puerto para volver al barco. Las lanchas vuelven cada 15 o 20 minutos continuamente.

Volvimos a bordo, nos pusimos el traje de baño que nos olvidamos y fuimos a almorzar algo rápido para ir luego a la pileta. A las 18 hs la bocina del barco nos anunciaba que comenzaba su viaje a Montevideo. Igual que el día anterior, sacamos fotos de los hermosos atardeceres y fuimos a cenar al mismo lugar. Volvimos nuevamente al teatro pero en esta ocasión para ver a un dúo de acróbatas ucranianos llamados “You and Me”. ¡Muy buenos!

Esa noche el barco se movió un poco, pero no impidió que vayamos a la fiesta de blanco que se celebró en la pileta central en el noveno piso. Toda la crew del barco terminó asombrada por el público argentino que no paraba de saltar, cantar y bailar. ¡Vamos los argento! Estuvimos un rato y nos fuimos a dormir, no se olviden que nos habíamos insolado durante el día y nos sentíamos un poco mal. ¡Ojo!, obviamente antes pasamos por el bar para seguir haciendo valer nuestro pack de bebidas.

Dia 3:

A las 8 de la mañana el capitán nos informa que llegamos a Montevideo pero esta vez, el barco sí estaba amarrado en el puerto. Se podía bajar a conocer la ciudad pero decidimos quedarnos a bordo disfrutando de las instalaciones del Costa Fascinosa. A eso de las 11 de la mañana, después de desayunar, nos fuimos al piso 11, agarramos reposeras y pasamos la mañana entre el sol y la pileta (ahora sí con protector como corresponde).

Estuvimos toda la tarde en la pileta, salimos sólo para almorzar. Pasaron diferentes animadores haciendo bailar a la gente, poniendo música y dando clases de zumba donde las mujeres se destacaron bailando.

La bocina empezó a sonar nuevamente (esta vez tan fuerte que asustaba) pero así entendimos que el último día estaba finalizando. El barco emprendía su vuelta a Buenos Aires. Un dato interesante, que no sabíamos y me enteré ahí, era que el barco cuenta con motores laterales para moverse hacia los costados y no tener que estar haciendo maniobras peligrosas. De esa forma, prendiendo esos motores el barco se movió hacia el medio del puerto para poder iniciar su camino hacia el Río de la Plata.

Antes de ducharnos e ir a cenar pasamos por la cancha de basquet a tirar unos tiros al aro.

La última cena fue la “noche italiana”. Los mozos sacaban a bailar a los pasajeros, y desde un balcón del restaurante, realizaban distintas coreografías alentando al público a bailar y cantar. ¡Muy divertido!

La noche de teatro se adelantó 15 minutos ya que Fernando, el Director del crucero, nos quería informar el proceso de desembarque del día siguiente. Entre chistes, anécdotas y sugerencias dejó paso al grupo “Sapori d’italia”, un conjunto de más de 15 personas que mezclaba música italiana, ópera, baile y escenografías increíbles con hasta motos y autos incluidos. La gente aplaudió de pie ante tal despliegue en escena.

Mientras tanto, en el Grand Bar Topkapi se disponían a elegir al “Mister Costa Fascinosa” donde seleccionaban hombres al azar, los hacían bailar y quedaban 6 seleccionados. Para elegir a los finalistas, tenían que hacer un strip-tease y divertir a la gente. Los 3 que llegaron a la etapa final, tuvieron que vestirse de mujer y hacer coreografías. La gente votaba con su aplauso. El ganador, Ernesto, estaba vestido con una malla enteriza de mujer. ¡Espectacular, muy divertido!

Para ese momento, nosotros ya estábamos sentados en la barra con nuestros tragos en mano. Al rato, nos fuimos al Salón Chery del puente 5, en donde estaba nuevamente Dj Tiago poniendo las mejores canciones de la temporada. Eran las 4 de la mañana y seguíamos dando vueltas de bar en bar.

Lo peor llegó cuando nos fuimos a dormir y nos acordamos que a las 3 horas teníamos que dejar libre el camarote para que el personal comience la limpieza para los próximos pasajeros (que embarcaban a las 13 hs).

Dia 4:

Nos despertamos 10 minutos antes del horario en el que teníamos que dejar vacía la cabina. Fuimos a desayunar y esperamos que sea nuestro turno para descender. Para el descenso te entregan un color y una letra. Nosotros teníamos el color Marion y la letra Q, por lo que nos correspondía descender a las 10.30 hs. Lamentablemente fue todo muy rápido… digo lamentablemente porque ¡no queríamos irnos!

Una vez llegados a la terminal de cruceros, pasamos por aduana y salimos a la calle. Nuestra aventura terminaba pero nos íbamos llenos de historias, anécdotas y recuerdos.