A pocos kilómetros de la ciudad de Tandil, existen varios pueblos rurales que resultan muy pintorescos. María Ignacia – Vela, Gardey y Fulton son algunas de las localidades que crecieron junto al ferrocarril y ahora apuestan por el turismo.

Con más de 100.000 habitantes, Tandil –cabecera del partido homónimo– es una ciudad con una importante infraestructura y todo tipo de servicios. Sus atractivos turísticos son numerosos y conocidos: la Piedra Movediza, el Calvario, el cerro Centinela, el dique, el Castillo Morisco y el Cristo de las Sierras atraen a miles de viajeros cada año.

Lo que muchos no saben es que, a pocos kilómetros de Tandil, hay pueblos que invitan a sumergirse en el mundo rural. Se trata de localidades y parajes que se desarrollaron con el tren y que, a partir del cierre del mismo, tuvieron que reinventarse para subsistir. Hoy permiten conocer un modo de vida diferente a escasos minutos del centro urbano.

María Ignacia – Vela

María Ignacia, también conocido como Estación Vela, es el segundo sitio más poblado del partido detrás de la ciudad de Tandil, pero no llega a los 2.000 habitantes. El edificio de la delegación municipal, la iglesia, el museo histórico y un balneario público forman parte de su propuesta.

Cabe destacar que este pueblo inspiró a Osvaldo Soriano en varias de sus obras. El escritor solía sentarse en el Bar de Tito, frente a la estación ferroviaria, a leer y a escribir.

Gardey

Unos 500 habitantes ubican a Gardey como la tercera localidad de mayor población de este distrito bonaerense. Su estación data de 1885 y enfrente se encuentra el Almacén Vulcano, un restaurante y casa de picadas que ofrece productos regionales. La plaza y la iglesia de San Antonio son otros sitios de interés.

Fulton

Cerca de los arroyos Las Chilcas, a menos de 40 kilómetros de Tandil, se encuentra Fulton, otro pueblo que ya superó el siglo de vida. La particularidad de Fulton es que, pocos años atrás, un grupo de vecinas decidió instalar una fábrica de alfajores artesanales en una sala de la estación de tren, que puede visitarse. Así nació Estaful, una marca cuyos productos se consiguen en la ciudad de Tandil y, por supuesto, también en su lugar de origen.